“Sin madurez en el uso de las tecnologías, no hay gobernabilidad, ni innovación, ni democracia”, entrevista a Alejandro Martínez Varela.
“Sin madurez en el uso de las tecnologías, no hay gobernabilidad, ni innovación, ni democracia”, entrevista a Alejandro Martínez Varela.

Alejandro Martínez Varela es una de las personas pioneras en el diseño e implementación de tecnologías de la información en México y una de las voces más autorizadas en el ámbito en Latinoamérica. Es ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por la Universidad de Guadalajara (UDG), impulsor del desarrollo de Internet e Internet2 en el país y líder en el establecimiento de las primeras redes mexicanas. Actualmente es jefe operativo especializado en el Centro Universitario de los Altos de la UDG, donde dirige el proyecto de renovación tecnológica y transformación digital. En entrevista para Nodos nos habla sobre gobernanza, ciudadanía digital y cultura de innovación, así como del uso y regulación de tecnologías en la función pública.
¿Qué papel juega o debería de jugar la ética en el desarrollo e integración de la tecnología?
La ética es importantísima, toda vez que nos habilita para identificar lo bueno y lo malo que se podría lograr al empezar a utilizar una nueva tecnología. En muchos casos es lo único que se interpone en los primeros abusos potenciales por un uso apresurado de las tecnologías. Porque somos como magos. Una vez le dije a una generación de estudiantes una cita de Arthur C. Clark: “toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Entonces, nosotros tenemos que darnos cuenta, primero, que no somos magos, solo estamos mejor capacitados o tenemos un conocimiento que otras personas no tienen. Y es que no avanzamos tan rápido. La mayoría de la gente no funciona así. Por tanto, la ética es fundamental cuando empezamos a habilitar e integrar tecnología.
El uso de internet es imprescindible para el ejercicio de los derechos humanos y para la gobernanza digital, ¿cuáles son los desafíos y oportunidades más apremiantes en este sentido?
Más importante que garantizar el acceso a internet es alcanzar la madurez como ciudadanía digital. Por ejemplo, en 2020 la pandemia de COVID 19 hizo evidentes los riesgos de imponer el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para personas y comunidades no preparadas. Extorsiones y fraudes se incrementaron significativamente a nivel mundial después de la pandemia. En Estados Unidos, en abril de 2020 la Oficina Federal de Investigación (FBI) anunció que veía un incremento de 400 por ciento en cibercrímenes a partir del inicio de la pandemia. Ahora garantizar el acceso a internet en México ya se ha convertido en un problema que se puede resolver con dinero. Hoy en día no existe, geográficamente hablando, una brecha de acceso a internet, hay compañías que pueden llegar a ofrecer servicios de calidad con muy buen desempeño en toda la República Mexicana. Servicios como el de Starlink que son satélites de órbita baja, tienen una cobertura que puede llegar casi a todos lados.
Afortunadamente, las cosas han cambiado en los últimos años. Antes hablábamos de una brecha económica y una brecha de acceso a las tecnologías de información para acceder al Internet. Hoy ya no hay brecha de acceso. Los retos son que, entre más nos acercamos a la meta, más nos damos cuenta que estamos más lejos. Porque en el tema de internet, a partir de la pandemia grupos criminales y mafias migraron a ambientes virtuales, con amenazas muy grandes, por tanto, hoy logramos conectar todas las escuelas y veremos que se presentan nuevos problemas.
¿Cuál es el reto más relevante al que se ha enfrentado en el diseño e implementación de proyectos tecnológicos en el sector público?
El desafío siempre va a ser el dinero. Además de eso, uno de los desafíos más importantes es dimensionar adecuadamente la tecnología y nuestra capacidad para aprovecharla. ¿Saben la cantidad de proyectos que he visto pasar, en donde se adquieren soluciones superpoderosas y con unas características increíbles? Muchos. Y no se usan. Con la pandemia sufrimos esto de manera brutal. No hay peor solución tecnológica que la que se paga y no se usa. Por ejemplo, está evolucionando mucho el tema de las auditorías.
Ahora las auditorías ya no nada más van a verificar facturas. Ya se verifica el uso de recursos si se hizo de manera responsable. Precisamente porque las mermas del erario se dan en ese sentido, en gastos de recursos y servicios que jamás se usan.
Otro desafío relevante es no creer que la implementación de tecnología es algo que se resuelve con una licitación, concurso o adjudicación a un proveedor. No se puede comprar la madurez de un proceso o servicio, se requiere tiempo y una metodología, ya que quienes maduran somos las personas; los sistemas y tecnología, aunque se dice que maduran, la verdad es que son cosas y más bien se mejoran o estabilizan. Si un proceso o servicio está mal implementado, es obsoleto o es inefectivo; incorporar tecnología solo amplifica sus fallas y encima hay que capacitar a los usuarios para que lo utilicen.
¿Qué aspectos debemos considerar para alcanzar una gobernanza digital segura y democrática?
Si no existe madurez en el uso de las tecnologías, nunca se va a alcanzar gobernabilidad y nunca va a ser democrática la innovación. Por eso mencionamos que el principal reto ahora ya no es de acceso a la tecnología sino de convertirnos en ciudadanos digitales, porque si no ¿cómo podrá haber gobernanza?
Toda entidad pública, así como lo hicieron en su momento empresas y organizaciones privadas, deben establecer un plan de modernización acorde a sus capacidades, recursos y necesidades particulares. Hay que obtener victorias rápidas que den certidumbre a un proceso de digitalización y automatización, pero a la vez considerar que un proceso de modernización puede venir con nuevos retos y necesidades.
Por ejemplo, los temas de seguridad de la información son importantísimos de implementar a la par de cualquier proceso de digitalización, particularmente si la información estará disponible en internet. Por otro lado, implementar una moderna aplicación no garantiza que las personas accedan sin problemas o de forma fluida, de nuevo la madurez se alcanzará más adelante, por lo que los servicios mejorados deberán mantener su operación previa por algún tiempo.
¿Cómo se sitúa hoy la accesibilidad y la inclusión digital en las plataformas de gobierno?, no solo hablando de las personas con discapacidades, sino también en la inclusión de nuevos usuarios.
En este sentido, en México el principal problema lo vemos en las viejas generaciones, porque las nuevas se adaptan rápido al tema tecnológico. Es más importante la capacitación y entrenamiento para adultos mayores en el uso de tecnologías de información, particularmente para evitar que sean víctimas de fraudes y extorsiones.
Las mafias digitales están diseñadas para hacer fraudes de manera sistemática y en contraparte existe una población vulnerable que no denuncia. Esto impide que se lleven a cabo investigaciones judiciales, y que se lance una fuerza de trabajo estratégica contra esos delitos. Esto es algo que está ocurriendo y es muy grave. Es ingrata la manera en la que tratamos a los adultos mayores, porque prácticamente los estamos dejando morir solos, les cambiamos el esquema del pago de impuestos, del pago de servicios municipales y los dejamos en una situación de completa indefensión contra estas nuevas disposiciones que ellos no tienen la capacidad de asimilar tan rápido.
Por supuesto, están también las personas con discapacidades como los ciegos, sordos, personas con hipoacusia y grupos indígenas, que están más aislados, por citar algunos grupos. Sin embargo, en este sentido, creo que el grupo vulnerable más grande en el acceso a la tecnología es el de adultos mayores, es el que enfrenta amenazas más latentes.
¿Existen ejemplos vanguardistas en el plano nacional que sirvan como referentes del uso del Big Data aplicado en la construcción de políticas públicas? ¿Cuáles son los más trascendentes hoy?
Desconozco si actualmente se utiliza el Big Data en los procesos de construcción de políticas públicas, no tengo información al respecto. Sin embargo, puedo citar como referente nacional al Sistema de Administración Tributaria (SAT), que desde hace muchos años ha invertido mucho en tecnología, ahora trabaja con grandes volúmenes de información y realiza cruces de datos que propician una mejora brutal en la recaudación de impuestos. Ese es uno de los casos de éxito más importantes en el plano nacional. A final de cuentas incrementar la recaudación fiscal e identificar a los evasores de impuestos eventualmente sí beneficia a la ciudadanía, aunque esa no es la primera intención.
Hay que pensar mejor en las soluciones e invertir en usos de la tecnología que sean más para beneficio de la sociedad.
Ya se habla de los alcances que puede tener la inteligencia artificial (IA), el Big Data y el blockchain en la eficiencia gubernamental y el control interno, ¿cuáles son las barreras que limitan la adopción y el aprovechamiento de estas tecnologías?
Definitivamente son dos: la barrera económica y la de comprensión de los alcances de las tecnologías. El precio de implementar o usar IA es altísimo, por ejemplo, Copilot de Microsoft tiene costos elevadísimos (alrededor de 20 USD por usuario por mes); no se diga si buscamos implementar IA por cuenta propia, donde los equipos necesarios y las capacidades requeridas hacen que la inversión en infraestructura sea también muy alta.
Dejarnos llevar por la tecnología no es una solución. Más bien, la tecnología debe ser una herramienta para ayudarnos a hacer nuestro trabajo de manera más eficiente y eficaz, ese es uno de los principales riesgos. En cuanto a los obstáculos, considero que están relacionados con la madurez al utilizar las herramientas tecnológicas, es decir, que aprendamos a implementarlas.
Por ejemplo, se habla mucho de blockchain, se implementó y actualmente su uso predominante es en las criptomonedas. Se han visto algunos ejemplos a nivel mundial y en México para contratos inteligentes; recuerdo una implementación para afianzadoras, pero su potencial es muy grande.
¿Cómo podemos construir marcos regulatorios que permitan la experimentación tecnológica sin sacrificar derechos o garantías?
No se puede legislar de forma proactiva, es decir, tendremos que sufrir algunos descalabros para ver los alcances y conocer qué tan afilados tienen los colmillos las nuevas tecnologías; pero también hay que reconocer que las tecnologías se mueven tan rápido que, cuando podamos regularlas, muy probablemente ya serán obsoletas las iniciativas de legislación. Realmente es un dilema, lo que no debemos hacer es quedarnos quietos. Hay que promover la regulación, pero principalmente hay que promover el uso, pues esto nos dará la experiencia y conocimiento, necesarios para madurar en el aprovechamiento de estas tecnologías.
A final de cuentas, una de las cosas que se tiene que hacer es invertir mucho en capacitación y en entrenamiento. Ese es el principal reto. Si no nos ponemos a hacer eso, nunca vamos a poder sacar provecho a las TIC, ni al Big Data, ni a la inteligencia artificial, ni al blockchain, ni al Internet en general. El tema es que los usemos y que nos familiaricemos para incorporarlos a nuestra vida cotidiana. Porque, como lo hemos observado en otras situaciones: los métodos anteriores no van a regresar. Dentro de unos años vamos a ver que todo se hace apoyado con inteligencia artificial, nadie se va a poner a hacer un ensayo desde cero, ¿por qué? Porque haciéndolo con inteligencia artificial lo vas a hacer mucho más rápido y esto no quiere decir que vaya a ser un plagio, una trampa o un robo.
Hay que ver cómo hacemos las cosas mejor. Ese es el reto. No es que la tecnología nos haga el trabajo que hacemos ahora, sino que nos ayude a ser más eficientes, y que su impacto se traduzca en un beneficio de magnitud superior, significativo, algo que nos sea disruptivo. Y esto es algo que hemos visto en las innovaciones desde que el ser humano empezó a desarrollar tecnología.
En México existe una visión para impulsar el desarrollo de e-government, ejemplo de ello son la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones a nivel nacional y la Dirección General de Innovación Tecnológica Gubernamental del Gobierno de Jalisco, enfocados en la digitalización de trámites y prevención de la corrupción ¿cómo mejorar la interacción entre gobierno y ciudadanía digital?
Perseguir la innovación tecnológica y la transformación digital por decreto es sin duda una estrategia para desarrollar el e-government, pero sería un error limitar la innovación a esta fuente u origen, o promoverla sólo en algunas dependencias específicas. Las innovaciones disruptivas, las que realmente causan impacto, normalmente vienen de las mismas personas o de los grupos de trabajo que viven de cerca las problemáticas, en el día a día.
La imaginación es la chispa que detona un proceso de innovación, y puede y debe generarse en cualquier dependencia y a cualquier nivel. Hay que cultivar una cultura de innovación y mejora continua a lo largo y ancho del gobierno.
¿Cuáles son los retos de las universidades públicas en la formación de profesionales en el ámbito de la tecnología y la función pública?
Uno de los principales retos está vinculado con la planta magisterial: está añeja. Eso nos genera un conflicto natural en el que los estudiantes llegan con más habilidades tecnológicas asimiladas más que los profesores. Si nos ponemos a pensar, este es un tema temporal, es algo que está ocurriendo ahora y que hacia el futuro quizás no vuelva a ocurrir ¿Por qué? Porque difícilmente nos volveremos a encontrar que las generaciones estudiantiles llegan con mayor capacidad de utilizar tecnología que sus maestros.
Es un tema transitorio, pero en este momento sí nos genera una crisis. Entonces, de nuevo, los adultos mayores son los afectados, en este caso los profesores. Lo vimos en la pandemia: se incrementaron las jubilaciones de manera significativa, porque previamente muchos docentes que ya tenían 60 años de edad simplemente se sentían todavía con la capacidad de trabajar y no tramitaron sus jubilaciones. Pero empezó la pandemia, les cambiamos todo el esquema de cómo impartir clases y se incrementaron mucho los trámites de pensión.
En el caso de las tecnologías como la inteligencia artificial, vemos que esta generación de estudiantes choca mucho con los métodos tradicionales de enseñanza. Tenemos mucha gente que dice que usar Chat GPT o utilizar inteligencias artificiales es trampa y no alcanzan a ver que más que un engaño estas herramientas son una oportunidad. Eso es un obstáculo: que existen detractores de la tecnología, porque no comprenden la manera en la que la pueden utilizar a su favor o de manera correcta. También tenemos la parte del entrenamiento, o la capacitación; no es lo mismo capacitar a alguien que convencer a un detractor de que ya no lo sea. Estas son cosas completamente distintas.
Por tanto, el reto no es solo para las universidades públicas o para el ámbito de la tecnología y la función pública. Todos los oficios, hobbies, alternativas de entretenimiento, organizaciones religiosas, todos, estamos enfrentando retos continuamente relacionados con las aplicaciones avanzadas de TIC. Debemos reconocerlas como armas de doble filo; pueden presentarnos oportunidades para ser más eficientes y eficaces en nuestras actividades, si se utilizan adecuadamente. Por otra parte, existen amenazas potenciales con su uso inadecuado o abuso, donde pueden generar un sinnúmero de problemas que van desde imprecisiones en los resultados, exposiciones de información personal o reservada y hasta la construcción de engaños, extorsiones, suplantación de identidad, etcétera. Sin duda las universidades, como los tradicionales early adopters de las tecnologías, jugarán un papel fundamental en preparar a nuestra sociedad a madurar tecnológicamente, para así, como sociedad, hacer un uso responsable de estas tecnologías.