Gestión hospitalaria, ética y perspectiva de género

Gestión hospitalaria, ética y perspectiva de género

En los tiempos recientes, la participación de las mujeres en la vida pública está avanzando de forma sostenida y significativa, lo que conlleva un cambio profundo en varias dimensiones socioculturales, políticas y económicas, y la gestión de la salud no ha sido la excepción. La gestión hospitalaria con perspectiva de género incide en la toma de decisiones, en posiciones de liderazgo y en la conducción de instituciones públicas, lo que ha enriquecido el ámbito con nuevos valores: empatía, cooperación, inclusión, equidad, responsabilidad, perspectiva, resiliencia y gestión del cambio, haciéndolo más transparente, justo, ético y centrado en las personas.

Sin embargo, estos avances se acompañan de sesgos institucionales, barreras culturales e inercias históricas que visibilizan la tensión entre progreso y resistencia.

Por tanto, la reflexión que guía el presente documento es práctica y normativa simultáneamente: ¿cómo se puede innovar la gestión hospitalaria desde una ética que incorpore la perspectiva de género y, con ello, transformar prácticas, estructuras y resultados a favor de la humanidad doliente a la que servimos?

Hablar de ética en salud es referenciar a la responsabilidad colectiva; hablar de género implica trabajar con justicia social. Ambas dimensiones articuladas en la gestión hospitalaria conforman una nueva forma de administración pública: una gestión que no solo busca resultados, sino que reconoce a las personas.

En el Hospital Civil de Guadalajara, institución con más de dos siglos de servicio y que representa un pilar en el sistema público de salud en México, esta reflexión ha cobrado especial relevancia. Asumir la dirección general –y hacerlo como la primera mujer en la historia de la institución– me ha permitido constatar que la innovación institucional no comienza con la tecnología ni con las estructuras, sino con la manera en la que concebimos la autoridad y el servicio.

Ser la primera mujer en dirigir el Hospital Civil de Guadalajara ha significado abrir un camino, pero también desafiar estereotipos, demostrar que la autoridad puede ejercerse desde la escucha, la colaboración y el ejemplo, y que la firmeza no está reñida con la sensibilidad. El liderazgo femenino aporta una forma distinta de gobernanza: una que privilegia la ética del cuidado, la empatía institucional y la toma de decisiones basada en la evidencia, pero también en el diálogo. Este estilo de liderazgo no busca reemplazar paradigmas, sino ampliarlos; reconoce que la diversidad de trayectorias y perspectivas enriquece la toma de decisiones y mejora la capacidad de respuesta ante situaciones complejas. En una institución con más de doscientos años de historia, la innovación comienza con la conciencia de que los hospitales no sólo curan cuerpos, sino que también reflejan los valores de la sociedad a la que sirven.

Históricamente, las posiciones directivas en instituciones hospitalarias han sido ocupadas mayoritariamente por hombres, mientras que las mujeres han sostenido la atención clínica y de cuidados en la base del sistema. Este fenómeno –la feminización de la fuerza laboral sin una correspondencia en la dirección– es global y, sin duda, visible en México. Estudios recientes muestran persistencia de brechas en los puestos ejecutivos aun cuando las mujeres constituyen la mayoría del personal sanitario (Rivera-Romano et al., 2020).

Innovar desde la ética y la perspectiva de género implica reconocer que las instituciones de salud no son neutrales, y es este precisamente el primer paso para transformarlas. Incorporar una mirada de género significa cuestionar los modos tradicionales de gestión y abrir paso a un liderazgo que priorice la empatía, el cuidado y la justicia social. Este enfoque no sólo beneficia a las personas atendidas, sino que fortalece la cohesión de los equipos de trabajo y la sostenibilidad de los servicios hospitalarios.

Ser la primera mujer en ocupar ciertos cargos directivos en hospitales emblemáticos tiene un valor simbólico y un efecto práctico: ofrece un referente, genera expectativas y abre el camino para la promoción de políticas internas equitativas. Ejemplos recientes en México evidencian este punto. En 2019, la doctora Guadalupe Mercedes Lucía Guerrero Avendaño se convirtió en la primera mujer en asumir la Dirección General del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, hecho reconocido por la Secretaría de Salud como un hito en la historia de esa institución centenaria (Secretaría de Salud, 2019). Asimismo, Teresita Corona Vázquez destaca como una doctora pionera en la dirección del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía –siendo, además, la primera mujer que presidió la Academia Nacional de Medicina– lo que subraya cómo la ocupación femenina de espacios de decisión puede producir cambios en la cultura técnica y académica de la medicina mexicana (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 1887). Reconocer esta trayectoria histórica es también reclamar responsabilidad: los nombramientos pioneros abren puertas, pero sin políticas públicas y culturales que garanticen continuidad, estos logros pueden quedarse en símbolos sin traducirse en cambios estructurales.

En el plano internacional, revisiones y estudios de alcance global indican que el liderazgo femenino está correlacionado con mejoras en innovación organizacional, desempeño financiero, engagement ético y cultura institucional; asimismo, promueve mayores aspiraciones y trayectorias para otras mujeres. Un relevante scoping review publicado recientemente en BMJ Global Health sintetiza la evidencia sobre el impacto positivo del liderazgo femenino en la salud pública y reclama inversiones sostenidas para capitalizar este potencial (Kalbarczyk et al., 2025).

Estas evidencias refuerzan un argumento práctico: promover el liderazgo femenino no es un asunto exclusivo de justicia, sino una estrategia para fortalecer la gobernanza, la innovación y la resiliencia institucional.

El ámbito hospitalario, donde las decisiones pueden tener consecuencias vitales, exige de quienes lideran una capacidad excepcional para equilibrar lo técnico con lo humano. En los hospitales públicos, la ética se materializa en actos cotidianos: en la atención oportuna, en la calidez del trato y en la rendición de cuentas. Las decisiones administrativas afectan el acceso, la calidad y la seguridad de la atención, y, por tanto, la vida y la dignidad de las personas. Dirigir un hospital implica navegar entre limitaciones presupuestales, demandas sociales, marcos normativos y realidades humanas complejas. Ejercer liderazgo con perspectiva de género en este contexto requiere una profunda convicción de servicio público y una capacidad para transformar la adversidad en oportunidad. La innovación ética se traduce, así, en la creación de protocolos de atención más equitativos y en el diseño de estrategias que favorezcan la transparencia y la rendición de cuentas. La ética, entendida como principio rector, nos recuerda que los hospitales no son negocio, sino espacios donde la humanidad se encuentra con la ciencia. En ellos, la administración no debe perder nunca su vocación de servicio.

Innovar éticamente significa también reconocer los límites de la técnica y la burocracia. En un mundo donde los sistemas de salud tienden a despersonalizar el servicio, el liderazgo femenino aporta una mirada humanista que conciliar eficiencia con compasión. Este enfoque no debilita la autoridad, sino que la legítima al colocar el bienestar de las personas y la calidad del servicio como prioridad.

La perspectiva de género, en este contexto, no se limita a una agenda de inclusión. Es una herramienta de innovación institucional que permite identificar desigualdades, redistribuir responsabilidades y visibilizar el trabajo de mujeres que históricamente han sostenido la atención sanitaria desde roles poco reconocidos.

En la práctica, innovar desde la ética con perspectiva de género significa transformar la cultura institucional para que cada decisión tenga un rostro humano. Significa preguntarse no sólo qué hacemos, sino para quién lo hacemos y cómo lo hacemos. Implica crear instituciones donde la autoridad no se impone, sino que se construye. La toma de decisiones se enriquece con la diversidad de voces y experiencias, y el liderazgo se ejerce como un acto de servicio. Este tipo de instituciones generan confianza, un elemento indispensable para la gobernabilidad en el sector salud.

El camino hacia la igualdad sustantiva en la gestión hospitalaria aún enfrenta desafíos importantes. Persiste la escasa representación femenina en los niveles más altos de decisión y una cultura organizacional que favorece modelos de liderazgo vertical y autoritario. Superar estos obstáculos requiere políticas institucionales claras, formación en ética pública y redes de apoyo que acompañen a las nuevas generaciones de mujeres líderes. La educación médica y la formación directiva deben incorporar contenidos sobre liderazgo ético, perspectiva de género y gestión humanizada para consolidar una nueva cultura institucional.

La innovación con perspectiva de género no se limita a crear programas o protocolos; es una manera distinta de pensar la gestión. Implica reconocer que la eficiencia institucional depende tanto de la solvencia técnica como de la calidad moral de los liderazgos. En este sentido, las mujeres han aportado una dimensión ética que revaloriza el cuidado, la escucha y la cooperación como fuentes de cambio. La gestión hospitalaria no es sólo una operación técnica, sino un acto profundamente humano que combina competencia, responsabilidad y sensibilidad social.

La pandemia de COVID-19 visibilizó la importancia del liderazgo femenino en el sector salud. Médicas, enfermeras y directoras hospitalarias encabezaron la respuesta sanitaria con valentía, empatía y compromiso ético. Fue el liderazgo colaborativo, basado en la comunicación, la confianza y la capacidad de adaptación, el que permitió sostener la operación de los hospitales y mantener la calidad de la atención en contextos extremadamente desafiantes.

A largo plazo, el reto es consolidar estos aprendizajes en políticas permanentes. La gestión hospitalaria debe entender la equidad de género como una condición de calidad institucional. Los organismos públicos, las universidades y los hospitales tienen la responsabilidad de garantizar entornos libres de violencia y discriminación, donde el mérito y la ética sean los principales criterios de promoción. De esta forma, el liderazgo femenino podrá consolidarse no como excepción, sino como norma de una nueva cultura organizacional.

El futuro de la gestión hospitalaria en México dependerá de su capacidad para reformarse desde los valores. La tecnología, la inteligencia artificial o los modelos de eficiencia administrativa serán insuficientes si no se sustentan en principios éticos sólidos. La perspectiva de género ofrece ese marco de sentido: permite construir instituciones más justas, humanas y sostenibles. El liderazgo de las mujeres en el sector salud, lejos de ser una reivindicación individual, representa un cambio sistémico que fortalece la calidad del servicio, la confianza ciudadana y la resiliencia institucional. 

Esto no es una tarea exclusiva de las mujeres; es un desafío para toda la sociedad. Significa repensar el poder, la autoridad y la gestión pública desde la corresponsabilidad y el cuidado. Los hospitales, como microcosmos del sistema social, pueden convertirse en laboratorios de equidad, en espacios donde la innovación tecnológica se combina con la innovación moral. Allí donde la ética guía las decisiones, la confianza florece; y donde hay confianza, la atención sanitaria se convierte en un instrumento real de justicia social y bienestar colectivo. No es tampoco una tarea adicional: es la esencia de una gestión pública moderna y justa.

En el contexto de los hospitales públicos, significa reconocer que cada avance técnico debe ir acompañado de una mejora moral y social.

En conclusión, la transformación de la gestión hospitalaria requiere liderazgo ético, sensibilidad de género y compromiso con la innovación social. Las mujeres que ocupan posiciones estratégicas en hospitales públicos mexicanos han demostrado que es posible gestionar con eficiencia sin perder humanidad, implementar políticas innovadoras sin ignorar la equidad y sostener la transparencia sin descuidar la colaboración. La combinación de ética, perspectiva de género y visión institucional constituye un modelo que no sólo fortalece a los hospitales, sino que contribuye al desarrollo de una sociedad más justa, solidaria y resiliente.

La experiencia del Hospital Civil de Guadalajara demuestra que es posible armonizar tradición e innovación, ciencia y humanidad, eficiencia y equidad. La ética se convierte, entonces, en el hilo conductor que da coherencia a todas las acciones institucionales; y la perspectiva de género, en la lente que permite ver con mayor claridad las desigualdades y corregirlas.

A las mujeres que hoy asumen responsabilidades en el servicio público les digo: su presencia transforma realidades. Cada decisión que toman, cada espacio que conquistan, abre una puerta que antes estaba cerrada. Y a las instituciones, les recuerdo: la inclusión no es un acto de cortesía, sino una inversión en inteligencia colectiva y justicia social. El futuro de la gestión hospitalaria dependerá de nuestra capacidad para combinar conocimiento técnico con sensibilidad ética, liderazgo con empatía, y decisión con humanidad. Esa es la verdadera innovación: una que transforma sin perder el alma.

El Hospital Civil de Guadalajara, fiel a su origen y a su lema, seguirá siendo un referente de servicio, ética y equidad, porque sólo así podremos seguir sirviendo, como lo soñó Fray Antonio Alcalde, a la humanidad doliente, con inteligencia, ética y corazón.

 Bibliografía y fuentes de información
Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Biografía y notas sobre Matilde Montoya, primera médica titulada en México (1887). https:// www.cndh.org.mx/noticia/matilde-montoya-lafragua-primera-medica-mexicana.
Rivera-Romano, L. S., Fresno, C., Hernández-Lemus, E., Martínez-García, M., & Vallejo, M. (2020). Gender imbalance in executive management positions at the Mexican National Institutes of Health. Human Resources for Health, 18, 21. https://doi.org/10.1186/s12960-020-0463-4.
Secretaría de Salud. (2019). 047. Guadalupe Mercedes Lucía Guerrero Avendaño, primera mujer como Directora del Hospital General de México. Comunicación social, Secretaría de Salud. http://www.gob.mx/salud/prensa/047-guadalupe-mercedes-lucia-guerrero-avendano-primera-mujer-como-di- rectora-del-hospital-general-de-mexico?idiom=es-MX&utm_source=chatgpt.com
Banchoff, K., Kalbarczyk, A., Malhotra, A., Morgan, R., Perry, E.K. y Pram, C. (2025). A scoping review on the impact of women’s global leadership: evi- dence to inform health leadership. BMJ Global Health. https://gh.bmj.com/content/bmjgh/10/2/e015982.full.pdf.